Nota LM NEUQUEN 04-12-14

04-12-201401:30| Espectáculos |

“El teatro es para mí un juego comprometido”


Javier Daulte. Nombre propio. El director y dramaturgo estará en el Festival Daulte de Teatro, que desde mañana y hasta el lunes reunirá cuatro de sus obras en El Arrimadero. 
Por tercera vez la ciudad tendrá el Festival Daulte de Teatro, donde cuatro obras escritas por el reconocido dramaturgo Javier Daulte serán la estrella del ciclo. Este encuentro, único en el país, que comenzó en 2010 como una suerte de “gusto personal” del director local Gustavo Lioy, demuestra en cada edición que su realización es más que solo un capricho.
Desde mañana y hasta el lunes, cuatro obras del además guionista y director teatral se podrán ver en escena, bajo dos nuevas miradas: la de Lioy, que tendrá a cargo la dirección de Óbito y El vuelo del dragón, y la del director rosarino Aldo Pricco, quien llegará con Nunca estuviste tan adorable y Fuera de cuadro a El Arrimadero teatro.
“Halagado” por esta nueva invitación y “entusiasmado” por la dimensión que ha ido tomando el festival, Daulte volverá a la ciudad para ser parte de esta nueva edición, en la que además ofrecerá un seminario para actores y actrices.

Este año la novedad es que dictará un seminario. ¿Qué cosas prioriza cuando son tiempos tan acotados?
Creo que todo festival es antes que nada un encuentro, una reunión de personas que quizá no coinciden habitualmente, pero que están unidos por algo, en este caso por obras de teatro que he escrito. El seminario para actores es una manera de alimentar ese encuentro. Además, haremos debate con el público después de cada función.

¿Qué puede decir de su relación con cada una de las obras que se van a ver?
Son obras que escribí en momentos muy diferentes de mi carrera. Óbito es una de mis primeras obras y nunca se puso en escena en Buenos Aires. Nunca estuviste tan adorable es una obra que quiero mucho, porque trata de la historia de la familia de mi madre. Fuera de cuadro es una obra que pergeñé con un grupo de catalanes hace muchos años en Barcelona y que me permitió estrechar mi vínculo artístico con esa ciudad. El vuelo del dragón será una sorpresa en todo sentido, porque además Lioy hizo una adaptación del texto (de 9 a cinco personajes) y es una de mis obras que recurre a ciertos rasgos de la ciencia ficción que siempre me resultan atractivos. Creo que el conjunto es muy variado y eso será agradecido para el público que asista a verlas.

¿El hecho de que sus obras sean dirigidas por otras personas le permite poner su propio trabajo en perspectiva?
Claro que sí. Siempre es interesante la lectura que otros artistas hacen sobre mi trabajo, sobre todo tomando en cuenta que, en general, yo he hecho el montaje de las mismas en Buenos Aires o en Barcelona.

¿Con qué cree que tiene que ver esto de “daulteano”, término acuñado por muchos para definir una manera específica de hacer teatro?
Jajaja … No sabría decirlo. Me sorprende que se utilice ese término. Y creo que tiene que ver con los preceptos que sostienen mi trabajo y que conceptualizo en un trabajo teórico que escribí hace muchos años, que se llama Juego y compromiso, donde planteo terminar con la riña entre lo lúdico y lo comprometido en el teatro.

En Barcelona implementan el método Daulte. ¿Tiene lago que ver con eso?
Es un método (o una forma de entender el teatro) en el que dramaturgia, dirección y conducción actoral están regidos por una misma premisa: la de crear un compromiso emocional, no con los contenidos, sino con las reglas del juego. El teatro es, para mí, eso: un juego comprometido.

Muchos señalan que ha contribuido a la renovación del teatro porteño. ¿Cuáles cree usted que han sido esos  aportes?
Uh, no sabría decirte. Deberían explicarlo los que lo afirman, jaja. Creo, ante nada, en el texto espectacular, es decir en el hecho escénico, antes que ninguna otra cosa. Quizá esa inquietud mía hace que yo pretenda siempre convertir al espectador en un niño dispuesto a ser engañado por una ilusión.

Ha repetido que la materia prima de sus obras tiene que tener raíz en su infancia. ¿Por qué es tan importante esa raigambre?
Las únicas ideas que me interesan son aquellas que echan raíces en la infancia. Pero eso no quiere decir que mis obras traten sobre mi infancia ni mucho menos (de hecho, en la única que hay cierta referencia a ella es en Nunca estuviste tan adorable), sino que se trata más bien de rescatar algunas obsesiones que me tenían capturado de chico. Por ejemplo, en Personitas, mi última obra que estrené este año, trata de unos hermanos que tienen en el garage de la casa una especie de terrario habitado por una civilización de pequeñísimas personas. La idea de las personas pequeñitas siempre me fascinó (y sobre todo de chico) porque me hacía pensar en la posibilidad de ser una especie de Dios para ellas (si fuera cierto que existen).

Una máxima suya reza: “Los mayores enemigos del teatro son la solemnidad y la frivolidad”. ¿Tiene que ver con la premisa que dio vida a Caraja Ji (grupo de dramaturgos que marcó un quiebre en los ‘90)?
Sin duda, el Caraja Ji me ayudó mucho a poner en palabras y a elaborar conceptos que hasta el momento eran intuiciones de las que no estaba muy seguro. Me ayudó a tener el coraje de exponer mis ideas acerca del teatro a pesar de saber que no todos pueden estar de acuerdo con ellas.

Trabajó en Para vestir santos y en Tiempos compulsivos. ¿Le gustaría volver a la tele?
Si se dan las hermosas condiciones de trabajo que tuve en esas dos experiencias, claro que sí. Aunque tengo que estar energéticamente muy dispuesto, porque es mucho trabajo.

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